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domingo, 21 de abril de 2013

Javier Ubieta @ Pictotales, by Igor Odriozola

 
 
 
 
"Claro de luna" (Javier Ubieta, 2013-04-10)

Con la espalda erguida, sentado al piano, miro al frente intentando buscar un punto fijo en la oscuridad del apartamento. Sobre el atril descansa la vieja partitura de la Sonata No. 14 en C menor, de Beethoven, que tantas veces toqué para ti. El aire frío se abre paso a través de las cortinas tropezándose conmigo y con nadie más. Y me recuerda, cruel, que estoy solo. La lúgubre lentitud con la que acaricio las teclas me advierte de tu ausencia, y con cada nota, casi puedo ver las copas de vino que, a menudo, vaciábamos hasta dormirnos en la alfombra, soñando abrazados. Hoy, sin embargo, las agujas del reloj apuntan la verdad de que el crepúsculo es inconcebiblemente lejano. Y, llorando sin consuelo, imagino un bello amanecer junto a ti, con la plena certeza de que no llegará jamás.


Gracias, Igor, por dejarme participar de nuevo en PICTOTALES... Y no hay dos sin tres.
Texto y Foto: Javier Ubieta.
Enlaces:
https://www.facebook.com/events/442560399171710/#!/Pictotales?fref=ts
http://pictotales.com/

sábado, 30 de marzo de 2013

McQueen Haute Couture. Fall / Winter 2013-2014


 


La colección de alta costura del próximo otoño/invierno 2013-2014 que Sarah Burton presentó el pasado Febrero para la firma Alexander McQueen, es otro documento más que avala a la diseñadora como inmejorable discípula del legado del maestro Lee. El laudatorio ámbito en que desarrolla sus trabajos, desde la muerte del diseñador, es tan incontestable como la impecabilidad con la que enaltece el espíritu de su intachable genialidad.

Hubiera sido suficiente el vestido blanco que abrió el desfile para que los cincuenta invitados a los dos pases de casi seis minutos, descifraran los códigos de los que Burton se ha servido para formular esta brevísima y excepcional colección. El Teatro de la Ópera Comique de Paris fue testigo de la majestuosidad de la Edad de Oro británica y por sus salones se pasearon Isabel I de
Inglaterra, Ana Bolena, María Tudor o Lady Jane Grey.


Que las influencias de los archivos de la casa son un arma poderosísima a la hora de desarrollar sus colecciones, es un hecho. Como también lo es la pulida técnica con la que están confeccionados los intrincados diseños, ejemplo vivo -cada uno- del espíritu de la más pura alta costura. Organzas troqueladas. Livianos tules bordados. Profusión de festones. Complejos remates, frunces, pliegues y encañonados. Abigarramiento en aplicaciones de perlas bordadas e incrustaciones de todo tipo. Superposiciones a modo de armadura. Cortes al bies. Cascadas de marabú. Discretos miriñaques. Volúmenes simétricos en mangas y caderas y planitud en la zona del pecho. Fastuosas gorgueras… En fin, todos y cada uno de los detalles son claros ejemplos del amplio conocimiento que hace que Burton apruebe, de nuevo, con nota alta.

La inevitable diferencia estriba en que Alexander McQueen vivía dentro sus diseños, habitaba en su propia locura ideática, en su cosmos atormentado. Y, desde allí, alumbraba con la misma perfección sus colecciones. Pero éstas no se quedaban únicamente en un ejercicio de perfecto estilo, sino que transmitían la perturbación de ese universo. El mismo que Burton advierte solo de manera exigua.
 
Desfile: http://goo.gl/51Q7M


Texto: Javier Ubieta
 
 
 

viernes, 29 de marzo de 2013

NINETEEN FORTY ONE by Juanma Carrillo









28 de marzo de 1941. I feel certain I am going mad again. I feel we can't go through another of those terrible times. And I shan't recover this time. I begin to hear voices, and I can't concentrate. So I am doing what seems the best thing to do”. Estas cinco escuetas frases son solo una parte de la triste despedida que Virginia Woolf dejó escrita en una nota para su marido antes de que se suicidara, arrojándose al río Ouse con los bolsillos cargados de piedras.

22 de Junio de 1941.
La Alemania nazi invade la Unión Soviética, en la operación militar más expansiva de la Segunda Guerra Mundial. Con la Directiva 21 [llamada en código "Operación Barbarroja"], la primera orden operativa para la invasión de la Unión Soviética, Hitler decide destruir mediante el uso de la fuerza militar, cualquier señal que se pudiera percibir como una amenaza comunista hacia Alemania y despliega, para la invasión, casi 200 divisiones con máxima capacidad de lucha.

7 de diciembre de 1941. La aviación japonesa ataca por sorpresa la base naval de Pearl Harbor en Hawai, donde se concentra la flota de guerra norteamericana del Pacífico. 350 aeronaves japonesas acaban con la vida de más de 2400 estadounidenses. El ataque lleva directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en los escenarios de la guerra de Europa como del Pacífico.

Paralelo al rodaje de su primer largometraje, “Islandia”, y con “Hielo Quema” esperando su turno, Juanma Carrillo rinde homenaje, con "Nineteen forty one", a todos aquellos que vivieron doce interminables meses cruentos, despiadados y tristemente letales. El mismo año en que la actriz alemana Marlene Dietrich consigue la nacionalidad estadounidense y Orson Welles, en “Ciudadano Kane” presenta el discurso con más tino sobre la pérdida del poder en la obra maestra, parte del mundo se desangra en un capítulo de la historia del siglo XX protagonizado por la dictadura, la traición, la corrupción y el odio.
 
 
 
 
 
 
 
 
Decía Jacques Rigaut que hay que olvidar para poder seguir. Juanma Carrillo decide, en cambio, echar la vista atrás, para relatar una historia pausada y frenética, barroca y liviana, oscilante entre episodios de excelencia que generan un virtuosismo al que muy pocos artistas han tenido la oportunidad de -siquiera- acercarse. La versión de "19NINETEENFORTYONE41" que he visto, conforma un estudiado asedio que arrasa con las emociones del espectador. Sangre, sudor y lágrimas en impecables encuadres de paisajes hiperreales, desiertos o habitados por personajes que caminan atravesando planos enteros con destinos indefinidos, pero que se juntan en un solo terreno. Áquel donde vive la extraordinaria descomposicion de las texturas de los sentimientos. El brillo que desprenden la música, la fotografía o la imagen, es inexplicable si no se recurre al gesto indefinible que provoca una sacudida por trepidación violenta. Es imposible permanecer inalterable ante 1941. Juanma se codea, sin pretenderlo, con la majestuosidad de la lírica cinematográfica. Lo mejor es que, al no cortejarla, la renueva y la ensalza con lo genial de su misterioso hacer.
 
 
http://juanmacarrillo.com/

 
 
Texto: Javier Ubieta
 

sábado, 23 de marzo de 2013

The Game







“Está sonando The Game, vamos a bailar”, dijo Cristo con una cadencia átona. Y me cogió por la cintura con un inesperado vigor, fruto de las drogas. Yo parodié una sonrisa poco creíble. La pista era una masa confusa de cuerpos danzantes e intoxicados. Llevaba toda la noche pretendiendo reunir la adrenalina necesaria para emborracharle más y sedarle al llegar a casa, con la intención de que perdiera el control de sus nervios. Bailamos. Él se movía muy despacio; yo percibí el infinito fumante y oscuro que se veía a través de sus pupilas dilatadas. Sentí la música más alta, mis mandíbulas demasiado tensas y me abstraje en la idea de matarle sin esperar a que acabara la noche. Una de las veces en las que la inercia le hizo chocar conmigo, tiró su copa. Entonces, me agaché a por uno de los añicos, me acerqué a él, acaricié su abdomen tanteando la parte más blanda e incrusté con violencia una de las aristas del cristal en el punto que consideré más certero. Cristo cayó al suelo mientras yo desaparecí entre la multitud caminando lentamente hacia atrás, disfrutando al ver cómo su cara se paralizaba en una mueca que mostraba el terror más abyecto que se pueda imaginar.


Texto y Foto: Javier Ubieta

martes, 12 de marzo de 2013

La clínica



 
 



Mentiría si negara que aguardaba impaciente el día de hoy. Los espacios serenos de mi vida, que nunca fueron muchos, quedaron reducidos a uno solo: las lecturas que servían de refugio a mi mente confundida y que le proporcionaban -solo a medias- leves destellos de paz. Todo lo demás era como vagar a la deriva. Los paseos por la arboleda, las conversaciones con alguno de los otros internos y las pocas visitas que me permitían, no ayudaban a asumir aquella situación, sino que empeoraban vivamente mi estado de ánimo. Según mis cuentas, habían pasado unos treinta meses desde mi ingreso en el hospital psiquiátrico, pero el último medio año me enseñó a coquetear con la actuación y aprendí a fingir con naturalidad mi falsa mejoría, hasta el punto de sugerir a mis médicos un cambio de habitación desde la que contemplar el fastuoso paisaje sin las rejas de seguridad de las ventanas.

El día que trasladaron mis pocas pertenencias a la habitación del fondo del último piso del edificio coincidió con el solsticio de verano. A media tarde, una enfermera me acompañó al nuevo habitáculo. Sentí más que nunca el éxito ejecutorio de mi sofisticada manipulación y callada burla. Escudriñé los colores verdes a través de los cristales, los de las frondosas copas de los árboles que vestían la fachada principal, y que dejaban ver apenas un trozo de mar azul, al fondo. Mi alta médica se firmó ayer por la tarde. Hace dos segundos que el silencio es denso, lo justo para concentrarme en la falsedad de mi vida y en el desastre emocional por el que se pasea mi dignidad entre barbitúricos.

Ahora estoy encaramado en un taburete alto, junto a la ventana. Escucho pasos que se acercan e intento acumular la sangre fría suficiente para que, en el momento de que alguien abra la puerta, yo me deje caer.


Texto y Foto: Javier Ubieta

miércoles, 6 de marzo de 2013

Disturbingcodes cumple 3 años

 
 

 

Llevo cuatro días dando vueltas a un texto que no escribiré. Me hubiera gustado repasar los tres años que han volado desde que el 2 de marzo de 2010 escribí las primeras líneas de este cuaderno pero, aunque pueda parecer curioso, me resulta imposible. Gracias a todos por recompensar con creces el tiempo que paso entre estas paredes, rodeado de mis pequeñas cosas. Porque sois vosotros los verdaderos protagonistas de esas historias a través de las que comparto mi visión del mundo y mi convertida realidad cotidiana. Gracias por vuestra generosidad sin límites. Un millón de gracias.


Texto y Foto: Javier Ubieta


lunes, 4 de marzo de 2013

El vals de Scriabin



 
 




Miguel controló un largo escalofrío, similar a un reclamo, y sus ojos hundidos apartaron la mirada del doctor Cela que intentaba, perplejo, convencerle de que debía ingresar de forma urgente. Pero su actitud casi suplicante, solo sirvió para que Miguel terminara por encontrar sentido a la situación, así que consideró, dentro de su indefensión y debilidad, que quería quedarse a solas conmigo. Sin mediar palabra, el doctor recogió su maletín y, esfumando su gesto de desaprobación, se fue sin ni siquiera mirar atrás.
 
Fue entonces cuando Miguel, lúcido y demacrado, extendió su mano izquierda y me pidió que le ayudara a levantarse del sillón, que pusiera en el equipo de música un vals de Alexander Scriabin y que abriera las ventanas. Al agarrarme, sentí su translúcida mano tan fría, húmeda y arrugada, como si hubiera estado limpiando pescado, y recordé, en ese momento, la primera vez que bailé con él aquel vals, mientras me contaba al oído sus sueños prolijos sobre un futuro incierto pero que él imaginó siempre feliz.

Justo cuando se apoyó en mí y la música empezó a sonar, su cuerpo famélico resbaló contra el mío, tan lento y elegante como si realmente bailara. Antes de caer muerto en la alfombra, yo hinqué mis rodillas en el suelo y agarré su cara entre mis manos mientras le miraba pensando en lo injustos que fueron aquellos sueños y en la dignidad con la que escribió sus últimos días plagados de sombras, locuras y secretos inaccesibles. Y lloré.


Texto y Foto: Javier Ubieta