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miércoles, 3 de marzo de 2010

Lee Alexander McQueen. DEP





Pocas imágenes me han dejado nunca tan colapsado como la del cuerpo sin vida de Alexander McQueen cubierto por una tela granate sobre una camilla.

Me rendí a sus pies cuando tomó el relevo de Galliano para reimpulsar la casa Givenchy, sin ser tarea fácil -uno de los últimos desfiles de John Galliano para la marca, inspirado en el cine de los años cincuenta fue el mejor de la casa desde hacía años-. McQueen se ocupó de reinventar la firma y de adaptarla a sus obsesiones, pero relanzó -respetando como nadie- el nombre que Hubert de Givenchy imprimió a su firma de costura, y hasta llenó los salones de la firma francesa de seres mitológicos con cornamentas doradas e impecables modelos de patronajes arquitectónicos. pero sin perder el norte.

Ayer llegó a mi correo electrónico la invitación para ver en streaming la colección EXPERIENCE, para el próximo Otoño/Invierno 2010. Y volví a recordar todo lo que me unía a McQueen en su filosofía vital. Es curioso cómo precisamente el discurrir del tiempo, aúna disciplinas, a priori tan dispares como la moda y la ciencia: El viernes pasado asistía una conferencia en BilbaoArte impartida por José Ramón Marcaida cuyo leit motiv era: "Ciencia y cultura visual: el conocimiento del mundo a través de las imágenes". Pues bien, en un momento de la charla, José Ramón habló del armadillo, un animal cuyo estudio generó una brutal expectación y fue motivo ex profeso de estudio de decenas de científicos, sobre todo por su armadura formada de placas óseas cubiertas por escudos córneos.

Casualidades de la vida, dentro de la colección "La Atlantis de Platón" [S/S 2010], que se colapsó en su retransmisión digital, los grandes protagonistas son los zapatos ARMADILLO [ver foto], que suponen un atrevimiento cuasi científico también y  que provocaron en los asistentes al show un murmullo general porque era complicado imaginar a las modelos caminar sobre aquellas obras de arte andantes. Una vez más, se hacían patentes sus conocimientos, su genialidad, el reflejo de su sapiencia.

Como decía Eugenia de la Torriente, en un artículo titulado "Las alas de Ícaro", en su crónica de EL PAÍS digital: "Al oir de su muerte cuesta no pensar en la colección que presentó hace apenas un año en París, la de otoño-invierno 2009. Una gigantesca montaña de basura enmarcaba a modelos de pasos frágiles ambutidas en caricaturescas reproducciones de los grandes clásicos de la alta costura. Entonces se le tildó de misógino y se criticó su falta de pragmatismo en un momento poco propicio para los fuegos artificiales. pero esa imagen desesperada, la inexorable destrucción apoderándose de su arte, es la que acude a la noticia de su adiós".

Ese adiós que todos los tabloides del mundo han dado a uno de los mas grandes: Lee Alexander McQueen. Descanse en Paz.


Texto: Javier Ubieta

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