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martes, 27 de abril de 2010

Kate Moss Machine

Una zarina rusa tocada con tiaras Bvlgari.
Una cowgirl Cavalli abandonada al galope.
Una tentación con olor a OPIUM exhibida en un peep show.
Una efigie desnuda, cubierta por marroquinería Longchamp.
Una rubia californiana adicta a los animal-prints de Dolce&Gabbana.
Una sudorosa y engrasada fashionista entregada al lesbian-chic de Galliano.
Una actriz del cine negro de los ´50 acusada de asesinato, para Dior
Una burguesa grosera y despeinada, envuelta en marabús de Valentino.

Cuando decidí decorar el baño con portadas de revistas de moda enmarcadas en negro: desde Vogue Italia hasta V magazine, se me pasó por la cabeza hacer un monográfico de Kate Moss. E hice una encuesta. Las respuestas que obtuve fueron de toda índole y pelaje: desde que la gente podía interpretar que estaba padeciendo una especie de psicosis "keitmosiana" a que "empapelar el baño de Katies no era nada chic (¿chic?) o justo lo contrario: qué idea tan maravillosa.

Nunca haría un monográfico de Karens, Lindas, Claudias o Naomis, porque me parecerían repetidas. Kate, sin embargo, se metamorfosea como un camaleón, según se dice en el libro de Salmon, no es una modelo, sino una actriz. La mayor intérprete del fashion system. La mejor representante de la versatilidad, de la conversión, de la pose, del encanto de la imperfección, del destierro del estereotipo. Kate Moss es, como decía Arthur Rimbaud que hay que ser... "absolutamente moderno".

lunes, 19 de abril de 2010

Penis Power (by Gucci)



Diez años han trancurrido desde la primera imagen, cuando Tom Ford reinaba en la casa Gucci como director creativo y el mundo de la moda se había rendido a sus pies después de resucitar la marca a través de sus propuestas y trayendo consigo la logomanía, llenando de "G" y de color negro las pasarelas de Milán. Las modelos caminaban a ritmo de rock, espectaculares, con blusas de seda negra transparente bajo las que se adivinaban unos piercing de diamantes para los pezones en forma de G, la G de Gucci.
Siluetas lápiz, brillo más que luminosidad, sudor más que brillo... el público hacía la ola al tejano que había elevado la marca a lo más alto del panorama mediático de lo fashion. Aún no había llegado el 2000, pero la revolución visionaria de Tom Ford se extendía, como plaga, a través de todo el planeta.
Ford también trajo consigo el sexo para mostrarnos sus propuestas. Antes también latía la sexualidad en los anuncios de prensa, en la pasarela, en la televisión... pero las explícitas campañas de Ford destilaban sexualidad a raudales, sin descanso, en un no-parar de mujeres dando la espalda a su amante después de una noche loca, de chicas con el pelo mojado frunciendo el entrecejo de placer, sudando, de mini bikinis que no dejaban lugar a imaginar...
Con su marcha y el nuevo nombramiento de Frida Giannini como directora creativa, la magia desapareció y Gucci, a pesar de seguir siendo Gucci, no es "lo más", como lo fue en 1998. Sin embargo, el espíritu Ford continúa vivo en el atelier de la casa, en los despachos de sus creativos,...en todas partes. Su huella sigue presente, nunca desapareció.
La canción "Heart of glass", que sirvió de banda sonora al spot televisivo de Lynch para el perfume Gucci by Gucci, es una de las preferidas de Ford, que ha declarado muchas veces haber "discotequeado" frenéticamente al ritmo de Blondie.
La campaña para este verano de los fotógrafos Mert&Marcus, protagonizada por Natasha Poly, no deja de ser una reminiscencia mucho más edulcorada y menos explícita que la que protagonizara en su día la guapísima brasileña Caroline Ribeiro. La vibrante Carolina Ribeiro.
La publicidad con tintes sexuales me atrae. Deja sitio para imaginar historias, para fantasear con la brisa marina que embriaga a Natasha o para pensar en las nada inocentes intenciones de Caroline, momentos después de retirar su mano izquierda del mocasín y la derecha de su entrepierna.
Teniendo en cuenta la incipiente erección del maromo que tiene delante, que está perdida entre las dunas, y que el calor se hace insoportable, es muy previsible saber hacia donde se dirigirán sus manos.
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martes, 13 de abril de 2010

Katsuya Kamo

Es una máquina de creación incesante. Nada se le resiste. Su concepción del maquillaje y la peluquería para los desfiles de Alta Costura de Chanel no dejan lugar al titubeo.
La sabiduría de Katsuya Kamo hace de él uno de esos estilistas que están tocados por la varita de la imaginación inagotable. Sus composiciones a base de plumas, sedas, papeles, tejidos de toda índole, y un sinfín de materiales más, hacen de sus tocados emocionantes obras de arte para exponer en un museo.
Lagerfeld sigue sabiendo muy bien qué se trae entre manos...

Enlaces:
http://www.chanel.com/
http://karllagerfeld.com/

lunes, 12 de abril de 2010

La honorable Daphne Guinness







De estructura delicada, piel diáfana, cabello en dos tonos y extraordinaria en su pose.
La habré visto mil veces junto al resto de celebrities pero nunca había reparado en ella hasta ver las fotos que tomó la prensa a la entrada de la iglesia de St. Paul Knightsbride en el funeral de McQueen.
En una oda al exceso, Guiness salía de su coche con un laberíntico tocado de encaje negro, de Philip Treacy, que cubría su rostro casi por completo y una chaqueta-capa de volúmenes mastodónticos, abullonada por el viento que soplaba con fuerza fuera del templo.
Quizá no fuera la "toilette" más acertada para un evento que siempre dictó unas severas normas en el vestir: austeridad y discreción, prudencia. La honorable Daphne, sin embargo, quiso dar su último adiós al maestro Alexander McQueen, y rendirle su particular homenaje luciendo uno de sus góticos diseños futuristas.
Soñé el otro día con una portada del suplemento de algún Vogue Italia protagonizado por alguien que podría ser ella. En efecto, la portada de septiembre de 2008, es parte de un editorial de moda fotografiado por Steven Klein. Envuelta en lujo y exceso. Tocada con joyas pesadas y acariciada por vestidos de alta costura de encajes volátiles, Daphne sabe exigir atención a través de su mirada. Y sabe también cómo no formar parte de un universo, sino convertirse en su mísmísimo centro.


Daphne, la honorable Daphne, ésa de pómulos afilados y mandíbula aristocrática. Domina. Fulmina. Fascina.
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