Un día. Veinticuatro horas. Un lapso de tiempo acotado que puede servir de escenario para que una historia acontezca, para que una trama se urda, para que el rumbo de una vida cambie para siempre.
Veinticuatro horas marcadas por los números de un reloj de forma inexorable, sin perdón ni piedad, hasta desgranar un día en forma de cuenta atrás, de no retorno, de obligado discurrir.
La historia de Un hombre soltero, adaptación cinematográfica de la novela homónima de Christopher Isherwood, transcurre en 1962, en Los Ángeles. En un momento en el todo el planeta teme a una posible guerra nuclear, que dejaría como rastro un planeta sin vida, en soledad, como ésa sobre la que gira Un hombre soltero, esa soledad impuesta que cede al triste deseo de no querer seguir viviendo en la etapa de la vida de un hombre que parece no tener sentido alguno tras la trágica muerte de su compañero sentimental.
George (Colin Firth), profesor universitario, pierde a su pareja (Matthew Goode) en un accidente de tráfico, hito a partir del cual intenta continuar con su vida, seguir adelante. Pero apenas lo consigue, apenas logra sacar fuerzas para seguir. Y rememora una y otra vez, sin descanso, la vida que, por culpa de un inesperado acontecimiento quedó atrás. Para George la vida deja de tener sentido desde entonces, cada día más y decide suicidarse al finalizar el día. Tras esta dramática decisión, cada segundo de esas veinticuatro horas adquiere una importancia vital y desconocida para George, que vive ese día desde una perspectiva diferente.
La película es pura poesía. La fotografía de Eduard Grau adquiere tintes de magnificencia. Es increíble cómo cambia la luz en función de los cambios de estado emocional de George. Sólo con la vista, podríamos distinguirlos.
La banda sonora es impecable, sobria, clásica, elegantísma. Sobresaliente. El gusto incuestionable de Ford por lo exquisito ha elegido como compositor principal al joven polaco Abel Korzeniowski. Cada uno de los tracks de la BSO transmite una belleza inenarrable, desde Stillness of the mind hasta Clock Tick. Stormy Weather, Blue Moon, Green Onions y el aria interpretada por Miriam Gauci dan vida a un hilo conductor dorado que viste la película de alta costura. Además, la colaboración del músico japonés Shigeru Umebayashi aporta pequeñas joyas como Carlos. En fin, una delicia.
Enlaces:
http://www.tomford.com/

























