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sábado, 29 de enero de 2011

Cuando ya no queda nada que decir



Veía el peligro asomarse de vez en cuando, como cuando el soldado enemigo se asoma tras la trinchera. Y, lo peor de todo era que, tras la retaguardia, el peligro amenazaba mucho más robusto de lo que nunca hubiera imaginado. Un tarde de otoño brumosa, húmeda y fría, adquirió la fuerza suficiente para abandonar su escondrijo, tomar forma de papel cuadriculado, doblado por la mitad, y posarse sobre la cama que tú y yo compartimos hasta ese mismo día.

Descorrí una de las puertas de tu armario y el vacío me aplastó. Abrí los cajones de tu mesilla y me encontré con nada. Me sentí atrapado entre cuatro paredes sin oxígeno, como si me estuviera suicidando sin poder hacer evitar la tragedia. Y aunque todo pareciera intacto, la traición había menoscabado mi vida violentamente en menos de cinco minutos.

Comprendí que, cuando ya no queda nada que decir, tal vez lo mejor es no intentar explicar nada. Pero mi vida no estaba preparada para ese áspero y doloroso golpe. Cogí escrupulosamente el papel cuadriculado de la cama. Esperaba leer unas frases breves que me tranquilizaran, aunque sabía que era improbable. En su lugar, un frío “Hasta siempre”, escrito a lápiz, tiznaba el papel. Lo arrugué con las dos manos y lo cobijé entre ellas.

Miré por la ventana. Había empezado a llover con fuerza. Sentí vértigo y una tristeza desoladora. Apoyé la frente contra el cristal, entreabrí las manos y miré la nota arrugada mientras lloraba sin descanso. Dos palabras escritas. Solo dos. Esa ínfima huella era lo único que me quedaba de ti. Nada más, aunque podía haber sido aún menos, un “Adiós”, por ejemplo.

Hubiera dado igual. Estaba muerto por dentro.

6 comentarios:

  1. Muy bueno,Javier...y muy triste...

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  2. Confirmo lo que te dije que provoca tu escritura ... simplemente genial.

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  3. Muchas gracias a todos.
    De verdad.
    Besos, besos, besos.

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  4. Cuando ya no queda nada que decir, tal vez lo mejor es no intentar explicar nada.Much@s de nosotr@s nos vemos reflejados en estas palabras.Muchas gracias por expresar tan facilmente lo que nos cuesta tanto decir.
    Un abrazo.
    Conchi Arias.

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  5. Emocionante, Conchi. Mil gracias.
    Un abrazo

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