Siempre me causó mucha expectativa -y me indujo a múltiples conjeturas- pensar qué se construiría en el solar situado entre el "edificio verde" de la Cámara de Comercio de Bilbao y la Plaza Bizkaia, ubicada en pleno corazón de la ciudad, y tan criticada por su "deshumanización" y carencia de vida natural, siendo tan amplia la superficie que ocupa. Pues bien el Edificio Plaza Bizkaia se ideó para ser la sede administrativa del Gobierno Vasco. Mi curiosidad iba más allá del qué, también se avalanzaba sobre el cómo. Cómo construirían el edificio de vidrio cuyos planos aparecieron en prensa y que, desde hace ya tiempo, es parte de la ciudad.
Su levantamiento estuvo generado por dos decisiones directas, producto de dos problemas concretos:
1.-Construir un edificio con oficinas-paisaje, cuya estructura se pudiera apoyar sobre un aparcamiento subterráneo ya existente, sin que éste tuviera que sufrir modificaciones.
2.-Llevar a acabo un ejercicio de sostenibilidad, dotando al volumen de vidrio con una forma que lo protegiera del clima adverso y se aprovecharlo de manera pasiva cuando las condiciones fueran positivas.
No existió como premisa ningún programa con el que trabajar ni imagen que remedar ni referencia arquitectónica a tener en cuenta para que casara en su ubicación. Todo ello sería consecuencia de esos dos parámetros.
Para resolver la primera exigencia, se definieron pórticos alineados, reduciendo al mínimo el número de pilares necesarios, y definiéndolos en función del número de plantas de oficinas. Sin embargo, el aparcamiento subterráneo reduce un grado de libertad a la hora de desarrollar la idea, puesto que su trama no coincide con la ideada para el edificio no corresponde con la ya existente en el subsuelo, donde las distancias se definen por las dimensiones de un vehículo, aparcado o moviéndose.
Para resolver la diferencia de alineación vertical de los pilares, se introdujo un mecanismo adaptativo en la plante baja que consiste en unos pilares fuertemente inclinados respecto al eje vertical, amarrados por los forjados que trabajan a tracción y que buscan, en los dos extremos, las alineaciones tanto superior como inferior. Curiosamente, estos pilares constituyen por sí mismos una escultura arquitectónica de carácter monumental, que hace que la planta baja se transforme en un espacio público, como “extensión cubierta” de la plaza Bizkaia.
El segundo caso, el proceso geométrico de las alineaciones planta a planta se estableció estudiando la orientación del sol y de su luz en verano e invierno. Primero se establecieron dos secciones tipo opuestas para la dirección oeste y norte. En la dirección oeste, el edificio se escalona para que cada planta vuele sobre la anterior. Así, el propio edificio se da sombra a sí mismo. En la orientación norte, esta sección se invierte y se recupera la edificabilidad perdida en los retranqueos. Ello genera curvas de distinto perfil en cada planta.
Para rematar el exterior se recurre a capas de vidrio superpuestas serigrafía con múltiples grados de densidad. La consecuencia de esto es que, para la inclinación de los rayos de sol en verano las serigrafías se suman disminuyendo la transparencia de la fachada y el efecto invernadero en el interior de la edificación, mientras que en invierno, la transparencia total permite que el sol caliente el interior, reduciendo el consumo energético.














