Cuando Jorge Valdano era director del Real Madrid dio, en una entrevista, un sonado titular que decía: “No es decente hablar de las ausencias”. Yo hice mía la sentencia para utilizarla en las mismas ocasiones en las a uno le conviene recurrir a un refrán. En este caso, además, desconocía el contexto en el que Valdano ubicó la frase. Me daba lo mismo. Simplemente me gustó: “No es decente hablar de las ausencias“.
Esta mañana, mientras desayunaba, he leído el “status” de alguien que anunciaba un paréntesis en su tarea feisbuquera y bloguera. Lucio Chiné se despedía con un breve post que titulaba “Hasta luego”. Una despedida ciertamente triste para los que seguimos sus crónicas con fruición y admiración incondicional. En cuatro párrafos ha explicado sin ningún retal sobrante sus porqués. Como siempre.
Cuando nació “disturbingcodes“, yo estaba convencido de que sería un blog dedicado por completo a la moda. Y vi que no. Me dí cuenta enseguida de que mi interés por el fashionbizz había tenido sus años de euforia, de fetichismo, de obsesión, pero que ese lugar importante que hasta entonces había llenado horas de estudio, y dedicación se había esfumado en gran parte. Además tuve clara la riqueza intelectual de individuos preparadísimos y con un bagaje cultural tan amplio e inabarcable que cualquier aportación que yo pudiese hacer, siempre sería una partícula mínima dentro de una molécula perfectamente construida y documentada.
Ni siquiera levantaba cuatro palmos del suelo cuando me quedaba pegado al televisor viendo los desfiles de moda de Paris, Nueva York, Londres y Milán. Perderme los de Alta Costura de Dior, Yves St. Laurent o Lacroix, era pecado. Todo mi entorno estaba pendiente de grabar los reportajes y las noticias en vídeo, para no perder ripio de lo que ocurría durante aquellos días. Primero, fueron las casetes Betamax y luego las VHS. Tesoros analógicos que satisfacían mi ansia de conocimiento ubicada en aquella lejana galaxia.
Desgraciadamente, la vida no es sueño, y aunque debamos vivir en una realidad incontestable, lo cierto es que la ilusión, la fantasía y la magia, tienden a desaparecer, a esfumarse. La marca por la marca, la industrialización, la materialización de conceptos que antes eran sueño. Cifras, sociedades, grandes fortunas que llevan la batuta de las grandes marcas del imperio de la moda… Las costuras se han hecho visibles. El forro ya no está oculto, y la cremallera va vista. Nada es lo mismo. Las casas de costura cambian de diseñador con la misma frecuencia que David Beckham de slip. Un sinsentido.
Desde la muerte de McQueen, mi ilusión por los desfiles ha desaparecido casi por completo. No está Yves Saint Laurent, no está Christian Lacroix, no está Lee… Y ahora no está Lucio Chiné para poner los puntos sobre las íes. Ese paréntesis que hoy ha decidido abrir, no se cerrará -estoy convencido-. Solo hará falta reorganizar los elementos de un conjunto que es un caos, que no emociona, que es clónico, y dejó a un lado la fascinación, la pasión, el arte de lo bello, la sorpresa…
Monsieur Chiné, hágame un favor, vuelva pronto. Y mientras tanto, le recuerdo aquello que decía James Joyce: “La ausencia hace al corazón más joven”.















