DISTURBINGCODES

DISTURBINGCODES

Visits

WELCOME

jueves, 28 de febrero de 2013

Ignacio Goitia. "The Grand Tour"


 
 





La trayectoria de Ignacio Goitia [Bilbao, 1968] ha sido fulgurante en cuanto al éxito y al reconocimiento alcanzados en, aproximadamente, dos décadas de producción. Sus muestras individuales y colectivas han campado siempre en prestigiosos espacios de medio mundo. La última prueba-ejemplo, es la exposición “The Grand Tour”, que engalanará las paredes del piso principal de la Galería Juan Manuel Lumbreras hasta el próximo 27 de Marzo.
 
 
Quienes conozcan la forma de trabajar del artista bilbaíno, continuarán percibiendo, en la huella que abrió hace años, su hacer lábil, poético, proteico y contundente. La reiterada fidelidad que profesa a la perspectiva, a los tecnicismos pictóricos y a la pasión por los espacios grandiosos, sigue siendo el incondicional lacre de la obra de Goitia. Continúan la documentación gráfica del proceso, los objetos utilizados para su mímesis y las derivaciones escultóricas figurativas que se materializan para contrastar la ficticia verosimilitud de la acción.
 
 
Pero “The Grand Tour”, a diferencia de “Le Voyage Excentrique” o “Escenas de Amor y Lujo”, por ejemplo, goza de una textura evolutiva dotada de un carácter hermenéutico y de una sensibilidad creadora, que transforman la dimensión del trabajo del artista de forma excepcional. Y el secreto de este cambio reside, sin duda, en el vaciado de elementos que dejan de conformar un elenco para ceder el protagonismo a detalles puntuales, singulares, unitarios. De hecho, la intensidad del acento, frente a la del baño de pared, en todas las grandes piezas, es notablemente delatora y consigue, de primeras, captar la atención del visitante allá donde Goitia decide sobreexponer una determinada acción y otorgarle, ingenioso, su carga dramática y turbadora.
 
 
 
 
 
 
En palabras de su autor, el título de la exposición pretende evocar el viaje cultural -antecesor del turismo moderno- que, desde mediados del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, muchos jóvenes europeos de posición acomodada, realizaban por Europa como pretexto educacional, previo a la edad adulta. Su valor primario residía en el acceso tanto al arte clásico y al Renacimiento como a la sociedad aristocrática.
 
 
 

En “The Grand Tour” se recrean escenas que guardan -conscientemente- ciertos gestos de antagonismo con el clasicismo de los escenarios en los que se ubican. Se trata de obtener imágenes generadoras de una estrategia que eluda el hastío irreductiblemente banal que -muchas veces- trata de separar el pasado y el presente, y se busca de forma incesante un conjunto de bucles escénicos donde la mirada se detenga en la convivencia de situaciones que trascienden la intemporalidad y destierran absurdos anacronismos.
 
 
 
 
 
 
Así, en “Visita a la Gliptoteca de Múnich”, un grupo de mujeres vestidas con burka, observan atentas la escultura del Fauno Barberini. ¿Qué ocurriría si en vez de tratarse de una talla en mármol, la figura fuese la de un hombre dormido de carne y hueso? En “El Vals de la Scala Regia”, dos hombres bailan ajenos a la oposición de las esferas vaticanas en la despenalización universal de la homosexualidad y de la unión entre personas del mismo sexo. Son giros distantes a cualquier acto de reivindicación, pero propensos a normalizar las distancias impuestas y transformarlas en posturas creativas destinadas , en un sentido simbólico, al fluir de sonidos, voces o imágenes que expurguen tabúes y prediquen entendimiento.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ahondando de nuevo en el detalle, cada una de las piezas que compone la muestra, guarda un golpe de efecto -completamente subjetivo- instalado tras la parte más obvia. Un gesto, una mirada o una postura… Es justamente aquí donde Goitia nos regala su predisposición a lo placentero, su voluntaria y apodíctica evasión del feísmo. Recurre al epicureísmo y al delicado equilibrio que siempre representó. A su pasión por la forma en que Delacroix supo plasmar la actualidad de su época. Al lazo que entreteje la riqueza de sus tótems con el redescubrimiento de Vitruvio de algunos de los más interesantes principios arquitectónicos. A la inconclusa Turandot de Puccini. A la joie de vivre y a la dolce vita. A los esmerados trazos de John Constable. A la luz divina de los grabados de John Martin. A los valses de Shostakóvich.


 
 
 

 
 
La exposición de Ignacio Goitia me recibió y despidió con una de las pinturas más exquisitas y menos previsibles que he disfrutado en mucho tiempo, “Museos Capitolinos”, un acrílico sobre tela con dos protagonistas. Una figura femenina que nos da la espalda y se dedica a contemplar de forma, tal vez, discontinuamente obscena, una escultura masculina que, redundantemente también mira al fondo del cuadro.


 
 
 



Deshumanicemos la figura enhiesta, ataviada con un traje de Cristóbal Balenciaga, demos vida al mármol estatuario, subvirtamos ambos roles y dejémonos llevar por la magia incierta de la experiencia estética sinfín que rubrica quien firma al pie de la columna de base decagonal... Ignacio Goitia.


 
 
Texto y Fotos: Javier Ubieta



5 comentarios:

  1. Preciosas imágenes...
    Maravilloso texto.
    R.T.

    ResponderEliminar
  2. Tengo que ver la expo, Veo que acuñas nuevo término, hacer proteico, genial, te lo robo.
    Amparo

    ResponderEliminar
  3. Otro romántico del siglo XXI... Me refiero tanto a ti como a Ignacio.

    Sublimes.

    ResponderEliminar
  4. Gracias por vuestros comentarios, Ramón, Amparo, Igor... Mil gracias.

    ResponderEliminar
  5. Gracias Javier por tu excelente trabajo, con comentarios muy acertados y un análisis detallado y preciso acerca de los cuadros de la nueva exposición de Ignacio Goitia, que presenta dos matices desconocidos hasta ahora en sus anteriores apariciones: la unidad temática y la preponderancia de las grisallas sobre el color.
    Un saludo.
    Juan Manuel Lumbreras

    ResponderEliminar