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sábado, 23 de marzo de 2013

The Game







“Está sonando The Game, vamos a bailar”, dijo Cristo con una cadencia átona. Y me cogió por la cintura con un inesperado vigor, fruto de las drogas. Yo parodié una sonrisa poco creíble. La pista era una masa confusa de cuerpos danzantes e intoxicados. Llevaba toda la noche pretendiendo reunir la adrenalina necesaria para emborracharle más y sedarle al llegar a casa, con la intención de que perdiera el control de sus nervios. Bailamos. Él se movía muy despacio; yo percibí el infinito fumante y oscuro que se veía a través de sus pupilas dilatadas. Sentí la música más alta, mis mandíbulas demasiado tensas y me abstraje en la idea de matarle sin esperar a que acabara la noche. Una de las veces en las que la inercia le hizo chocar conmigo, tiró su copa. Entonces, me agaché a por uno de los añicos, me acerqué a él, acaricié su abdomen tanteando la parte más blanda e incrusté con violencia una de las aristas del cristal en el punto que consideré más certero. Cristo cayó al suelo mientras yo desaparecí entre la multitud caminando lentamente hacia atrás, disfrutando al ver cómo su cara se paralizaba en una mueca que mostraba el terror más abyecto que se pueda imaginar.


Texto y Foto: Javier Ubieta

1 comentario:

  1. ...caminando lentamente hacia atrás.
    UFFFFFF!!
    R.T.

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