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viernes, 9 de agosto de 2013

La madrugada de ese viernes



 
 

Me siento, me levanto y me vuelvo a sentar. Mi despacho está al fondo de la casa, al final de un pasillo largo y ancho, con seis puertas, tres a cada lado, que dan acceso a cada una de las estancias: la cocina, el baño, el dormitorio principal, mi dormitorio, el salón comedor y la salita de estar. Reposo la espalda en la silla giratoria y miro al fondo, donde se ubica la puerta de entrada, tan encerada que refleja como un espejo la luz del flexo de mi mesa de trabajo, regulada a media intensidad. Tengo la sensación de encontrarme dentro de un espacio de volumen similar al de un féretro, más ancho donde estoy, angosto al fondo, oscuro salvo por esos destellos de la puerta blindada.

Trato de enderezarme brevemente pero me tambaleo. Y soy perfectamente consciente de que estoy escuchando un murmullo que no existe y los pies arrastrándose de alguien que no está. Me acerco lentamente las manos a la cara, examino las diminutas gotas de sudor frío y aprieto los puños, pero mi fuerza se hace cada vez más lánguida y ni siquiera logro que se marquen las uñas.

Parece que haya pasado media hora desde que he salido del baño, donde el mármol sigue estando siempre frío. El sueño está anunciando su llegada. Me abstraigo en ese proceso de sosiego artificial y trato de detenerlo, semiconsciente de que todo esto no supone ningún acto de grandeza ni valentía, pero me encuentro muy débil para interrumpir mi compostura. Vacilante, confuso, con la mirada perdida y la movilidad muy mermada, pienso que no debo esperar más, que no quiero que este silencio me fulmine, y logro obtener la lucidez suficiente como para marcar un número de teléfono. Al otro lado, alguien contesta con voz severa y amable al tiempo. Entonces, comienzo a hablar.


Texto e imagen: Javier Ubieta

 

6 comentarios:

  1. Gracias por volver...
    R.T.

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    1. Gracias por ESTAR.
      ¡Qué grande eres!
      Un beso enorme.

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  2. Quiero que cuando seamos viejecitos demos paseos agarrados del brazo. Querido mío, eres adorable y un artistazo.

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    1. Lo haremos, seguro. Un millón de gracias, amor. Esta tarde me he acordado mucho de ti viendo una obra de Iaroslav Serpan, "Atormentada por una aurora frágil". Un beso enorme. ¡Tú sí que eres un adorable artistazo!

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  3. Me la podrías mandar? no encuentro esa obra en la red. Qué curiosidad! besazos, lindo mío.

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  4. Sr.Ubieta, no le veo por ningun lado. ¿Va algo mal?

    Un abrazo por si quiere recogerlo,

    Zepequeña=Aitziber.

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