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sábado, 15 de marzo de 2014

Tenemos que hablar



 
 
Siempre tuve el aplomo de las personas expertas en el arte de moverse con soltura, de lucir la ropa que usaba y de despreciar a aquellos que estudian sus gestos ante el espejo  para que luego parezcan airosos. Pero esa espontaneidad connatural nunca dejó de ser irónicamente un ímprobo artificio que dictaba cada una de las pautas que gobernaban mi vida. Jamás fui consciente de la inteligencia que otros me atribuían pero sí estaba orgulloso de los esfuerzos que, desde siempre, me impuse para hacer crecer los rudimentos sobre aquello que me interesaba. Sin embargo, los libros que leía o los textos que redactaba se convertían en clavos que aludían una y otra vez a mi inventada ignorancia. Y, aunque trataba de sortear el enfrentamiento conmigo mismo, no dejaba de atribuirme culpas y de herirme deliberadamente. En todos estos años no he conseguido encubrir el miedo a caer en el abismo, en la oscuridad agazapada tras todas las obsesiones que acompañaban esa vida ordenada e instruida de un modo pulquérrimo, de cuyas discordias siempre he protegido a los demás. Te escribo esta carta porque he vuelto. Disculpa estas frases improvisadas, pero sentía la necesidad de excusar mi comportamiento aunque fuera de forma escueta y vaga.

Posdata: Al entrar, a oscuras, he tropezado con el velador de cristal del vestíbulo, que ha estallado en añicos al caer. Tenemos que hablar.


Texto y foto: Javier Ubieta


7 comentarios:

  1. A Dios gracias, sí, Maika. Sigo vivo.

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  2. Bienvenido, te echábamos de menos. Sí, tenemos que hablar.

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  3. Si algo distingue a la inteligencia (y quizá la elegancia) es esa ambivalencia entre el orgullo y el desprecio hacia sí misma, porque sólo ella es consciente de las debilidades de su conocimiento. Me alegra verte. Me preguntaba si te habría pasado algo y deseaba enviarte un saludo. Hecho.

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  4. Sí, tenemos que hablar. La vida es dialogo y negociación desde que tenemos uso de razón. ¿Vestimos a las Nancys o construimos un castillo? Ayer no era el día idóneo para hablar, estaba oscuro, había tormenta, estaba de bajón... Hoy en cambio, he dormido, el sol me ha despertado por la persiana que no cerré del todo anoche.
    Vuelve, y vuelve todos los días. Hay demasiadas cosas buenas ahí fuera esperándote, que te pierdes cuando no quieres amanecer.
    Ahhhh Pedazo mosquito!!!! (Es lo que me esperaba a mi, este amanecer).
    Amaia

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